Antes de ser canonizada y reconocida como Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús estuvo bajo la atenta vigilancia de la Inquisición. La razón: sus concepciones y conducta guardaban una sorprendente similitud con las de otras figuras místicas, conocidas como “alumbradas”, quienes defendían, entre otros principios, que los fieles podían establecer una conexión directa con la divinidad sin intermediarios. Esta postura doctrinal, como se puede constatar, se aproximaba peligrosamente a lo que, en el mismo período, promulgaba Lutero en el norte de Europa.
Las "alumbradas" y sus contrapartes masculinas, los "alumbrados", emergieron a finales del siglo XV en el seno de la élite intelectual. Estos individuos se congregaban en círculos exclusivos para debatir asuntos religiosos y para examinar e interpretar la Biblia, en un momento en que un profundo y sincero anhelo de renovación espiritual se propagaba por todo el continente. Compartían con los protestantes del norte de Europa su aspiración a un acercamiento sin intermediarios a los textos sagrados, así como el deseo de vivir en mayor consonancia con los principios evangélicos, abjurando de la opulencia y abrazando la castidad y la pobreza. Este movimiento no surgió de manera espontánea; la Iglesia católica había sido sacudida durante siglos por corrientes que abogaban por un retorno a una espiritualidad auténtica, con figuras como San Francisco de Asís. Este anhelo de renovación espiritual, conocido como devotio moderna, alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV, un periodo de considerable laxitud para la Iglesia. El Cisma de Aviñón y la ostentosa vida de los prelados, especialmente en Roma, llevaron a la cristiandad a considerar un retorno a sus raíces y, en consecuencia, a una fe más genuina. Es relevante recordar que una de las razones de la ruptura de Lutero con la Iglesia oficial fue la venta de indulgencias, que ofrecían el perdón divino a cambio de dinero, fondos que, irónicamente, se destinaban a financiar la construcción de la nueva Basílica de San Pedro en el Vaticano, entre otras iniciativas consideradas menos piadosas.
Otro factor crucial para comprender la aparición de las "alumbradas" es la arraigada tradición mística en Europa. Desde figuras influyentes como Hildegarda de Bingen (1098-1179) hasta las beguinas místicas, se observaba desde el siglo XII un movimiento espiritual con un notable protagonismo femenino. Estas místicas siempre estuvieron bajo estrecha supervisión eclesiástica, ya que su forma de acceder a Dios, caracterizada por una libertad percibida como sospechosa, generaba desconfianza. Muchas lograron, casi milagrosamente, evitar acusaciones de herejía; la propia Hildegarda tuvo que recurrir a su aguda inteligencia para ganarse el apoyo de Bernardo de Claraval, una de las figuras religiosas más influyentes de la época, obteniendo así un "cheque en blanco" papal para documentar sus visiones. Sin embargo, otras místicas, como Margarita Porete (¿?-1310), no corrieron la misma suerte. Porete fue acusada de herejía por su obra El espejo de las almas simples, un profundo tratado místico en el que la iluminada exponía los pasos para alcanzar a Dios a través del Amor y la purificación. Al negarse a retractarse, Margarita fue finalmente condenada a la hoguera el 1 de junio de 1310. Irónicamente, su obra fue posteriormente traducida al latín y atribuida al eminente teólogo parisino Jean Gerson. En resumen, la aparición de las "alumbradas" en el siglo XV se debió principalmente a dos circunstancias: el contexto de la época, marcado por una intensa sed de renovación espiritual que encendía la chispa de una revolución espiritual en toda Europa, y la prolongada trayectoria de la mística, en particular la mística femenina, que había allanado el camino para la noción de que los fieles podían alcanzar a Dios por sí mismos. En el ámbito hispánico, las "alumbradas" y "alumbrados" encontraron un centro importante en Guadalajara, en la corte de los Mendoza, donde se reunían en su espléndido palacio. Sin embargo, eran frecuentes en toda Castilla, especialmente en ciudades destacadas como Valladolid o Ávila. Es un dato curioso que muchas de estas mujeres provenían de familias judeoconversas. No existe una explicación concluyente para esto, ya que lo común era que los judeoconversos intentaran pasar desapercibidos para evitar la atención de la Inquisición. A continuación, se destacan algunas de las "alumbradas" más significativas. María de Cazalla (1487-c. 1550), perteneciente a una distinguida familia judeoconversa, es una de las "alumbradas" más conocidas. Al igual que la mayoría de ellas, María simpatizaba con las ideas franciscanas de pobreza y renovación espiritual, y fue una fiel seguidora de otra destacada "alumbrada", Isabel de la Cruz. La mayoría de sus datos biográficos son desconocidos. La única certeza documentada es el severo proceso inquisitorial que sufrió su familia en 1559, año en que el Santo Oficio publicó su lista de títulos prohibidos e intensificó su vigilancia y persecución. La casa familiar de los Cazalla, en Valladolid, fue demolida, y en su lugar se erigió una lápida con la inscripción: “El Santo Oficio de la Inquisición condenó a derogar y asolar estas casas que eran del Dr. Cazalla y de Dª Leonor Vibero, su mujer porque los hereges Luteranos se juntaban en ellas a hacer conventículos contra nra Stª fe católica en 21 de mayo de 1559”. Tras la rápida expansión del luteranismo en el norte de Europa, la Iglesia equiparaba toda disidencia religiosa con el protestantismo. Sin embargo, a pesar de que los "alumbrados" y "alumbradas" compartían ideas con los seguidores de Lutero, no eran protestantes. No obstante, la coincidencia de algunos conceptos, especialmente el de la devoción directa sin intermediarios, y su enérgica crítica a la Iglesia oficial, los incluyeron en el mismo grupo y los hicieron sufrir las consecuencias. María de Cazalla fue encarcelada en 1532 y fue torturada y enjuiciada por el Santo Oficio dos años después. Aunque se sabe que fue finalmente absuelta, su paradero y lo que fue de ella después de su liberación son desconocidos. Lo que es seguro es que en el año en que su familia fue procesada (1559), María de Cazalla ya había fallecido. Si se sabe poco de María de Cazalla, de su mentora, Isabel de la Cruz, se sabe aún menos. Se desconoce su fecha de nacimiento y de defunción, aunque su vida debió transcurrir en el siglo XVI, de forma más o menos contemporánea a María de Cazalla y sus compañeros. Isabel de la Cruz también pertenecía a una familia judeoconversa, al igual que María de Cazalla y la propia Santa Teresa de Jesús. Fue procesada por la Inquisición en 1529, año en que fue condenada a prisión perpetua. A partir de ese momento, su rastro se pierde, por lo que lo más probable es que haya fallecido encarcelada.
La historia de las "alumbradas" nos invita a reflexionar sobre la importancia de la libertad de conciencia y la búsqueda personal de la verdad espiritual. A pesar de la persecución y el dogma, el espíritu humano siempre ha anhelado una conexión más profunda y auténtica con lo trascendente. Estas mujeres, aunque silenciadas en su tiempo, nos legaron un testimonio de valentía y de la inquebrantable fuerza de la fe individual, recordándonos que la verdadera espiritualidad reside en el corazón y no puede ser coartada por ninguna institución.